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jueves, 1 de diciembre de 2016

La Alianza de Dios con los hombres, la persona de Jesús y el Reino


LA ALIANZA DE DIOS CON LOS HOMBRES, LA PERSONALIDAD DE JESÚS Y EL REINO

Jesús no fue ni un luchador revolucionario, ni un ser celestial y divino. Fue un hombre de carne y hueso que vivió para servir a la voluntad de Dios y al bien del hombre. Jesús fue un hombre libre y para él la libertad no era marcada por la ley religiosa, sino que la libertad es determinada por las acciones que buscan el bien del hombre. En este principio, bajo el cual vivió Cristo, podemos darle nombre con una característica de su personalidad: su originalidad. Jesucristo rompe con todos los esquema porque en él estaba la voluntad de Dios; y como él decía "Quien me ve a mí, está viendo al Padre".

Para Jesús las sociedades deben estar basadas en la igualdad, fraternidad y solidaridad. Ante los ojos de Dios todos somos iguales y por eso debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, porque así nos ha amado Dios y así nos ama Jesús. Dios no ve la riqueza de tu bolsillo, él ve la riqueza de tu corazón, por eso Jesús decía que aquellos que son pobres, marginados y desgraciados con los privilegiados del Reino de Dios. Los que menos tienen pero son los que más dan, serán los que entraran al Reino de Dios.

Jesús fue original porque fue radical, radical en su total dedicación y entrega para buscar el bien del hombre y salvar a la humanidad. Cristo vivió para todos los hombres y no para él. Entregando absolutamente su vida a la misión que le fue otorgada por Dios Padre, él pudo mantener su fidelidad y su amor fue un amor que no conoció límites. Jesucristo fue tan puro y coherente que Dios mismo se reveló en él. Fue puro porque nunca perdió su fidelidad al Padre ni su fidelidad al hombre, por más difícil que se hayan puesto los caminos. Su coherencia en la perseverancia de su misión de cumplir la voluntad de Dios y del bien del hombre, sin descuidar ninguna de las dos, lo llevó a sentarse al lado del Padre y vivir como su hijo en el Reino Celestial.

Nosotros como seguidores de Jesucristo debemos hacer ciertos compromisos:
  • Debemos guiar nuestra libertad por el bien de la humanidad, como lo hizo Jesús.
  • Respetar a todos y no discriminar, ni hacer distinción alguna por color, raza, sexo, entre otras cosas, debemos actuar siempre sabiendo que la riqueza en nuestros corazones pesa más que todo el oro de nuestros bolsillos.
  • Debemos amar al prójimo como a nosotros mismos y debemos amar a Dios con un amor que no conozca límites, como el amor de Jesús.
  • Debemos mantenernos firmes para cumplir la voluntad de Dios y defenderla con amor, solidaridad y firmeza. Ser radicales en cuento a nuestro amor y fidelidad hacia Dios.
  • No debemos caer en el fanatismo ni en la barbarie, actuar en nombre de Cristo o de Dios es actuar con amor y nunca con crueldad. El fin nos justifica los medios. Y tampoco debemos ser fanáticos de las causas del hombre y descuidar de Dios. Como lo hizo Jesús debemos unir ambos lados y entender que uno se da con el otro.


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