LA HUMANIDAD Y SUS GRANDES SITUACIONES
La globalización y la multiculturalidad:
El primer
concepto que debemos abordar es el de “Cultura”, pero así mismo nos encontramos
con un dilema, pues este concepto se puede definir de tantas maneras y más aún
difícil se vuelve su entendimiento. Cuando hablamos de cultura lo primero que
pensamos es en las tradiciones que tienen un grupo de personas usualmente
provenientes del mismo territorio o que comparten el mismo origen. Pero hablar
de cultura va más allá que solo las tradiciones o costumbres, la cultura es un
concepto que abarca diversas dimensiones y diferentes puntos dentro de la vida
de los seres humanos. Acercándonos más a una definición variable, podemos decir
que al hablar de cultura nos referimos a más ampliamente un estilo de vida, una
manera de vivir de la humanidad, que engloba aspectos personales, sociales,
políticos, económicos y religiosos, que llevan al enriquecimiento humano y al
cumplimiento de un destino.
Con el
pasar del tiempo, estudiando la historia del mundo, podemos ver que la cultura
ha sido tan importante en la formación de la humanidad, que vemos como este
concepto se volvió tan significativo para ciertas sociedades, que a través de
la misma lograron asentarse como grandes naciones o imperios en el mundo. Pero que
a su vez han causado disputas, pues no siempre han permitido la coexistencia
pacífica entre diversas culturas y que han querido establecer la suya a la
fuerza y han llevado a tragedias por el mundo.
El
respeto es un valor que siempre debe ir de la mano con la cultura y más allá de
la mano con los principios de un ser humano. Si bien existe la libertad, esta
debe ir delimitada por el respeto, porque los derechos de una persona acaban
cuando comienzan los derechos de la otra. Solo respetando los derechos de todos
es que podemos encontrar una libertad justa y verdadera.
Y Ahora ¿qué es la globalización?
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) la define como “un fenómeno
inevitable en la historia humana que ha acercado el mundo a través del
intercambio de bienes y productos, información, conocimientos y cultura”. Vemos
entonces que en las últimas décadas, esta integración mundial ha cobrado
velocidad de forma espectacular debido a los avances sin precedentes en la
tecnología, las comunicaciones, la ciencia, el transporte y la industria. Pero
si bien la globalización es a la vez un catalizador y una consecuencia del
progreso humano, es también un proceso caótico que requiere ajustes y plantea
desafíos y problemas importantes, que en un futuro podrían revertirse y
revelarnos una consecuencia negativa o en su defecto seguir la tendencia de
crecer y morir, colapsando y acabando por destruirla.
Como todo en la vida, existen
retos y oposiciones a los conceptos, cuando hablamos de globalización también
se puede escuchar el concepto de ética, que se puede entender como un conjunto
de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una
comunidad. Entonces nos preguntamos, ¿Cuándo la globalización deja de ser un
concepto ético? Para respondernos esta pregunta, nos encontramos con varios
retos a este universalismo en el que vivimos.
No podemos englobarnos a todos
como una sola persona igual, pues la principal belleza de la raza humana es su
diversidad y en ello debemos basar nuestras filosofías y cultura, respetando la
diversidad y singularidad de cada individuo, en el cual dentro de cada uno yace
un universo infinito, que unido puede formar una cultura por el bienestar común
y la justicia e igualdad para todos.
Y para lograr este objetivo
debemos hacer de la cultura un mecanismo que nos permita desarrollarnos como
individuos y en el proceso llegar a conocernos a nosotros mismos. Como
experiencia personal, siempre que en el colegio me preguntaban ¿Quién eres como
persona? O ¿cómo te describirías a ti mismo?, las evadía como fuera posible,
alegando que “eso” no era necesario, pero la verdad era que no tenía la más
mínima idea de cómo responder a esas preguntas. Con este mundo global moderno,
simplemente seguimos reglas, normas, patrones o modas que nos dicen cómo
debemos ser o como debemos actuar y por eso nunca nos ponemos a pensar en que
hay dentro de cada uno de nosotros, de nuestra mente y nuestro corazón. Lo cual
lo hace un hecho preocupante, porque en la medida que no sepamos quienes como
como persona y que nos entendamos a nosotros mismo o que tengamos una relación
con nuestro ser interior, se nos hará difícil relacionarnos con el mundo
exterior y entender ese mundo y menos aún trabajar para y con él, con la
finalidad de la búsqueda de la felicidad y bienestar colectiva. La ética debe
empezar con nosotros mismos, al darnos ese derecho de conocernos y saber que
hay en nuestro mundo interior.
No será hasta que comprendamos de
la individualidad de cada persona y la diversidad cultural que la misma genera,
que podremos establecer una ética universal. Si bien vemos que existe
diversidad, el objetivo o finalidad normalmente es el mismo o parecido, el
enriquecimiento de la sociedad y el bienestar común. Son características
parecidas las que comparten la moral en las diversas culturas, las cuales se
entienden por: una idea de igualdad en la humanidad, todos somos iguales sin
distinción alguna por el hecho de ser seres humanos. Los individuos solo se
diferencian entre ellos por sus comportamientos o conductos, no por sus
posesiones o riquezas. O como tercera un gran dicho que transciende culturas y
que siempre escuchamos “no le hagas al otro lo que no quieres que te hagan a
ti”. Analizando estos tres postulados, encontramos que todos surgen de un
ideal, el respeto, el respeto a los derechos del otro y el respeto a la
humanidad. Son principios que nos llevaran a forjar una ética que puede ser
adoptada por todos sin importan la cultura, que nos haga llevar una vida digna,
donde no solo veamos a los seres humanos sino también veamos la humanidad.
por Vanessa Marques. Usma

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